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Cinco siglos igual

  • Izquierdos Humanos
  • 12 sept 2018
  • 2 Min. de lectura

La ventanilla del avión es el recorte de tierra que la Justicia Huinca le permite mirar al lonko. Maniatado, con chaleco, custodiado como si se tratara de un criminal peligroso, el lonko mira la cordillera. No hay fronteras allí, no se ven esas líneas dibujadas por la conquista, el reparto del botín que le siguió a la masacre contra su pueblo originario, habitante en esos vastos territorios desde mucho antes que el capricho de los políticos determinará fronteras y países.

Lo que llegó después fue el despojo, la matanza, el silencio, la indiferencia, la burla, la estigmatización, el olvido. El más despreciable olvido cayó sobre su pueblo, reducido a un pequeño mundo marginal, pobre, sin alternativas. Lo que llegó después fueron las grandes corporaciones comprando a precio de oferta sus tierras, pisoteando sus costumbres, el ejército de los Benetton, las balas del Huinca matando otra vez a los suyos, los medios de comunicación burlándose de sus reclamos ancestrales, los políticos de turno firmando más despojos a favor de terratenientes extranjeros, la construcción de un enemigo público que llega desde la barbarie, que hay que aniquilar, ministras sembrando miedo y cosechando tempestades, el arrase cultural, la cacería, la persecución, y otra vez el olvido.

Ayer la justicia del Huinca se burló, otra vez, del pueblo mapuche: ignoró una recomendación de la ONU y se apuró en extraditar a Chile al lonko Facundo Jones Huala. Lo maniataron, lo trataron como un criminal, ignoraron su reclamo ancestral, lo separaron de su familia, lo separaron de su tierra, lo condenaron a ese recorte: su mirada contra la ventanilla de un avión. Su condición de prisionero.

Cinco siglos igual. Duele ver tanta indiferencia, de un lado y del otro de las fronteras artificiales del Huinca. Tanto silencio, tanta ignorancia, tanto olvido organizado. Tal vez la mirada del lonko, clavada en la ventana del avión, sea la metáfora exacta de un sistema que sabe marginar y condenar al que se rebela, al que no se resigna a su destino, al que lucha por los suyos, al que quiere hacerse escuchar y grita. Grita por su pueblo mapuche y sus derechos pisoteados. Grita para que escuchemos. Cinco siglos igual.

* Publicado originalmente en Revista Sudestada

 
 
 
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