Peregrinaciones de una paria

14/11/2019

 

“Hay alguien todavía más oprimido que el obrero,

y es la mujer del obrero.”  Flora Tristán

 

 

Ignorada por los grandes medios, acosada por la policía, enferma de tifus y desahuciada de su casa, Flora Tristán moría en Burdeos hace 175 años. La vida nunca fue fácil para ella y decidió vivirla intensamente.

 

Flora Tristán se vino al mundo el 7 de abril de 1803, hija de un militar y aristócrata peruano que nunca la reconoció legalmente como tal. Cuando murió dejó a madre e hija en la más absoluta indigencia. Flora tenía 5 años. Al cumplir los 17 su madre la obligó a casarse con un energúmeno llamado André Chazal, que la maltrata. Harta de golpes y humillaciones, decide mandarlo a paseo y se va de casa con su hija pequeña. El hijo se lo queda el padre y otro hijo ha muerto a corta edad.

 

Hija no reconocida, mujer, separada y con una hija, Flora, 22 años, se va Arequipa, Perú, a reclamar la herencia que le pertenece. Tras una travesía de cinco meses se presenta ante su tío, el hermano menor de su padre. El tío le dice que muchas gracias por la visita, pero que se olvide de la herencia, que ya le vale con una modesta pensión mensual.

 

Flora Tristán vive la hipocresía de la alta sociedad criolla y la guerra civil entre dos gallitos, Agustín Gamarra y Luis de Orbegoso, aunque quien la cautiva es la esposa del primero, Francisca Zubiaga y Bernales, La Mariscala, mujer de armas tomar, literalmente, bregada en primera línea de combate al lado de su marido.

 

De vuelta a Francia inicia su incesante campaña por la emancipación de la mujer, los derechos de la clase obrera, el divorcio, la abolición de la pena de muerte y contra la esclavitud del matrimonio. Publica en prensa y frecuenta los cenáculos intelectuales, invitándoles a dejar los salones y mezclarse con los oprimidos.

 

En 1840 publica La Unión Obrera, que viene a terminar con un proletarios del mundo, uníos. Es un manual de instrucciones para un mundo mejor con sitio preferente en la biblioteca de Karl Marx. La revolución, una revolución pacífica como defiende Flora, será feminista o estamos perdiendo el tiempo hasta llegar a primera hora de la tarde de hoy.

 

Flora Tristán defiende el derecho a la organización del trabajo, el beneficio productivo como bien común, y la educación de las mujeres obreras como medio para superar su condición de esclavas del hogar y mano de obra mal pagada, condenadas a la servidumbre. Y sólo así se emancipará a los varones de su condición de zotes tabernarios. Bueno, igual no lo dijo así, pero por ahí va.

 

La generosidad, la solidaridad y el amor son los grandes principios de una revolución que se propone derribar fronteras. A ello se entrega Flora con denuedo, pateándose Francia dando conferencias e intentando organizar esa fraternidad obrera, cadena de transmisión para poner en marcha una sociedad nueva con educación y sanidad gratuitas, jubilaciones dignas, acceso y disfrute de la cultura, presencia en las instituciones para dar paso al sentido común y convencer con la razón, jamás con la fuerza.

 

'El nivel de civilización a que han llegado diversas sociedades humanas está en proporción a la independencia de que gozan las mujeres', dijo. Viendo el nivel de civilización al que hemos llegado a primera hora de la tarde de hoy...

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