Ricardo Flores Magón, la voz de la revolución

21/11/2019

 

“La rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte”

 

Un día como hoy, de 1922, es asesinado en prisión por el gobierno de Estados Unidos uno de los revolucionarios más comprometidos con la causa de la emancipación económica de los trabajadores del mundo, el indomable anarquista oaxaqueño Ricardo Flores Magón. Prefirió morir en prisión antes que arrepentirse de su rebeldía:

 

«En el Departamento de Justicia se dijo al Sr. Weinberger que nada puede hacerse en mi favor si no hago una solicitud de perdón. Esto sella mi destino; cegaré, me pudriré y moriré dentro de estas horrendas paredes que me separan del resto del mundo, porque no voy a pedir perdón. ¡No lo haré! En mis veintinueve años de luchar por la libertad lo he perdido todo, y toda oportunidad para hacerme rico y famoso; he consumido muchos años de mi vida en las prisiones; He experimentado el sendero del vagabundo y del paria; me he visto desfalleciendo de hambre; mi vida ha estado en peligro muchas veces; he perdido mi salud; en fin, he perdido todo, menos una cosa, una sola cosa que fomento, mimo y conservo casi con celo fanático, y esa cosa es mi honra como luchador.

 

Pedir perdón significaría que estoy arrepentido de haberme atrevido a derrocar al capitalismo para poner en su lugar un sistema basado en la libre asociación de los trabajadores para producir y consumir, y no estoy arrepentido de ello; más bien me siento orgulloso de ello. Pedir perdón significaría que abdico de mis ideales anarquistas; y no me retracto, afirmo, afirmo que si la especie humana llega alguna vez a gozar de verdadera fraternidad y libertad, y justicia social, deberá ser por medio del anarquismo.

 

Así pues, mi querido Nicolás, estoy condenado a cegar y a morir en la prisión; más prefiero esto que volver la espalda a los trabajadores, y tener las puertas de la prisión abiertas a precio de mi vergüenza. No sobreviviré a mi cautiverio, pues ya estoy viejo; pero cuando muera, mis amigos quizá inscriban en mi tumba: "Aquí yace un soñador", y mis enemigos: "Aquí yace un loco"; pero no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: "Aquí yace un cobarde y un traidor a sus ideas."»

 

-R.F.M., carta envíada desde la Penitenciaría Federal de los Estados Unidos, en Leavenworth, Kansas. 1920.

 

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Hace 97 años era asesinado en prisión Ricardo Flores Magón, figura destacada de la Revolución mexicana de 1910. Eterno agitador, escritor y periodista, intelectual revolucionario pero sobre todas las cosas máximo artífice del anarquismo nuestroamericano.

 

-Don Ricardo no puede quedarse con esos gringos.

 

-Esos pendejos me tienen encabronados. Vamos a volverlo a los chingadazos si es necesario…

 

El 21 de noviembre de 1922, Ricardo Flores Magón falleció mientras se encontraba detenido en la prisión federal de Leavenwoth, en el estado de Kansas, Estados Unidos. El telegrama de su muerte era escueto y se suscribió a informar que “murió repentinamente a las cinco de la mañana, de enfermedad cardíaca”.  A poco de conocerse la noticia de la muerte del revolucionario oaxaqueño, los obreros ferroviarios se autoasignaron una misión peligrosa: traer de vuelta a México el cuerpo de Flores Magón para el último adiós de su pueblo.

 

Ricardo, del liberalismo a la revolución

“No soy magonista, soy anarquista. Un anarquista no tiene ídolos”

 

Flores Magón nació el 16 de septiembre de 1873 en el municipio de San Antonio de Eloxochitlán, estado de Oaxaca, en el seno de una familia humilde; hermano de Enrique y Jesús; hijo de Margarita Magón y de Teodoro Flores, patriota que luchó contra la invasión norteamericana y en la guerra de la reforma en las filas del ejército liberal de Benito Juárez. “Siendo como somos, Ricardo y yo, indios, proletarios, descendientes de peones, nacidos y criados entre ellos, hemos sido testigos y víctimas de la gran injusticia, de la opresión y de la terrible tiranía y explotación que nuestra raza ha sufrido…”, describía en 1916 Enrique, hermano y su gran compañero de ideas hasta los últimos días.

 

 

¿Cómo entender a este hombre al que se lo llamó el precursor de la revolución?

 

Su vertiginosa trayectoria política tiene tres momentos siempre entrelazos; primero como un estudiante que luchó por la libertad de expresión en un clima dictatorial; seguido por la fundación del Partido Liberal Mexicano (PLM) y el inicio de la lucha política contra la dictadura; y un tercer momento, donde los vaivenes de la cárcel y el exilio lo obligan a continuar su labor revolucionaria en Estados Unidos, donde terminó de abrazar el ideario anarquista y el sueño de una revolución mundial.

 

Cuando Ricardo cumplió 19 años de edad ingresó con sus hermanos a la Escuela Nacional de Jurisprudencia para formarse como abogado. Corría el año de 1892 y el dictador Porfirio Díaz había anunciado públicamente su intención de candidatearse para un nuevo periodo presidencial, en un sistema plagado de fraude y represión, sin democracia y participación.

 

Los hechos sociales y políticos que atravesaba su país fueron sacudiendo la situación de quietud y comenzaron a aparecer las primeras manifestaciones públicas contra la dictadura. En el patio de la Escuela de Minería, los estudiantes realizaron un acto contra la reelección presidencial. Ricardo, siendo apenas un adolescente, se expresó rabiosamente contra los comicios y el aparato clientelar en base a “pulque” y “mezcal”. El acto continuó con una improvisada movilización por las calles, a la que se sumaron algunos obreros, hasta que finalmente intervino la policía y desalojó a palazos a los revoltosos; así Ricardo conoció su primera detención en la torre del departamento de policías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Flores Magón se avecinaban tiempo increíbles; todo estaba ahí fuera, en las calles y todo estaba por inventarse. Fue entonces cuando inició su labor periodística, sumándose a la publicación opositora El Demócrata, hasta su clausura. Pudiendo juntar los pocos ahorros que disponían, los tres hermanos lanzaron el 7 de agosto de 1900 el primer número de la mítica Regeneración, publicación bisagra en la historia política mexicana. Eran tiempos de cambio. A pesar de la férrea mordaza a los medios opositores dispuesta por la dictadura, comenzaron a aparecer publicaciones que cuestionaban el régimen y exigían un cambio en la política del país.

 

En la ciudad de México se generaba una conciencia de cambio entre los estudiantes y trabajadores.  Se organizaron grupos antireeleccionistas, que fueron las primeras muestras del resquebrajamiento de la hegemonía impuesta por Porfirio Díaz, la iglesia católica y sus secuaces.

 

La agitación fue creciendo. Se crearon círculos liberales en varias localidades del país y en 1901 se oficializó la fundación del Partido Liberal Mexicano (PLM), bajo la dirección de los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón. Ricardo, a su vez, se hizo cargo de la dirección del periódico El Hijo del Ahuizote,  hasta que en febrero de 1903 publicó un editorial titulada La Constitución ha muerto (en referencia a la Constitución liberal de 1857), motivo por el que fue nuevamente encarcelado. Al recobrar la libertad, optó por exiliarse en Estados Unidos, donde continuaría su actividad revolucionaria.

 

Durante los primeros años de la década de 1900, el PLM fue la única estructura opositora coherente al régimen; y el periódico Regeneración (que pasó a editarse desde Estados Unidos) se convirtió en el medio de prensa opositor más difundido entre los trabajadores, estudiantes e intelectuales mexicanos.

 

Para julio de 1906, se lanzó en la ciudad de San Luis, estado de Missouri, el Programa del Partido Liberal y Manifiesto a la Nación, donde se expresó su base doctrinaria y programática. Las ideas vertidas en el texto serían adoptadas por toda una nueva vanguardia mexicana, en un amplio espectro que incluía desde liberales burgueses, obreros e izquierdistas. Entre los novedosos planteos, se proclamaba “el fin de la reelección presidencial con único mandato de 4 años de ejercicio; la obligatoriedad de la escolaridad hasta los 14 años de edad y de impartir enseñanza netamente laica en todas las escuelas de la República; supresión de las escuelas regentadas por el clero; la expropiación de los latifundios y tierras ociosas; establecimiento de un salario mínimo; jornada laboral de 8 horas de trabajo; y protección de la raza indígena; entre otros”.

 

 

Retumba la tierra

“Cuando la tierra sea del pobre entonces será libre, porque dejará de ser pobre”

 

El clima de ebullición social se fue extendiendo por todo el territorio. El 20 de noviembre de 1910 se produjo el levantamiento antireelecionista de Francisco Madero contra la dictadura, exigiendo elecciones libres y democráticas. El Partido Nacional Antireeleccionalista (PAN), que encabezó este empresario coahuilense, profesó un liberalismo moderado que hasta hacía poco tiempo atrás había abogado por una transición ordenada que saque a México de una dictadura atrasada y la lleve hacía una democracia capitalista al estilo de las potencias occidentales. En ese contexto, irrumpieron también como protagonistas los llamados “caudillos revolucionarios”; en el norte -desde Chihuahua-, Francisco “Pancho” Villa, también conocido como “El Centauro del Norte”; y desde Morelos cabalgando su caballo blanco, Emiliano Zapata, “El caudillo del sur”.

 

El escritor anarquista Diego Abad de Santillán, en su Historia de la Revolución Mexicana, resumió así la situación de penurias que atravesaban las masas populares: “La miseria y el temor acobardaron al país entero; en el campo, la vida de los campesinos era una autentica esclavitud, y no era mucho más llevadera la vida de los obreros en las minas, en las fábricas textiles, en las fundiciones, en los ferrocarriles. Cada fabrica era una prisión; para los obreros no había garantía ni consideración de ninguna especie y eran normales las jornadas de trabajo de cinco de la mañana a nueve de la noche”.

 

Mientras la lucha revolucionaria se desataba bajo las narices del dictador Porfirio Díaz, el grupo liberal más radical del PLM, comandado por los magonistas, planificó una acción político-militar que estuviese a la altura de los hechos históricos y acorde a su nueva concepción anárquica. Ya no solo estaban en contra del viejo gobierno, sino en contra de cualquier tipo de gobierno.

A fines de enero de 1911, los hermanos Flores Magón formaron una brigada internacionalista. El objetivo: invadir México desde territorio estadounidense. La célula guerrillera estuvo integrada por liberales mexicanos y socialistas del PLM, con el apoyo de anarquistas y socialistas norteamericanos y europeos, varios de ellos ligados al Industrial Workers of the World (IWW).

 

Los insurgentes llevaron a cabo una operación recordada como “la Invasión de Baja California”. Ingresaron al territorio mexicano desde suelo norteamericano. Tomando primero la ciudad de Mexicali, en el distrito norte de Baja California, luego lograron tomar Tijuana, concretando la primera pérdida significativa del control territorial arrancado a la dictadura por el sector más radical de la revolución.

 

Finalmente, el 25 de mayo de 1911 la Cámara de Diputados, sitiada por una inmensa movilización popular, aceptó la renuncia de Porfirio Díaz. De esta manera, finalizaba una dictadura de 35 años.

 

 

La revolución congelada

“La dictadura de la burguesía o del proletariado, es siempre tiranía

y la libertad no puede alcanzarse por medio de la tiranía”

 

Los magonistas continuaron su tarea de agitación y la publicación de Regeneración, que se distribuía en ambos países. El grupo profundizó su relación con los anarquistas norteamericanos y adoptó La Conquista del Pan, de Piotr Kropotkin (padre del anarquismo), como texto de cabecera para profundizar su nueva mirada comunista libertaria.

 

El 6 de noviembre, Francisco Madero se convirtió en el nuevo presidente constitucional y a poco de asumir rompió sus compromisos con los sectores revolucionarios y no avanzó en ninguna de las reivindicaciones de los obreros y campesinos. Como respuesta, Emiliano Zapata lanzó el Plan de Ayala, donde desconocía la autoridad del gobierno y convocaba a la rebelión agraria. Sin saberlo, en paralelo avanzba una contrarrevolución conservadora.  El 9 de noviembre de 1913, Victoriano Huerta (apoyado por Estados Unidos) derrocó al gobierno y terminó con los asesinatos de Madero y su vicepresidente, Pino Suarez. Los tiempos se aceleraron cada vez más. Desde el norte, Pancho Villa comandó la llamada División del Norte, encabezando una movilización campesina hacia la capital para exigir la salida de Huerta.

 

En ese proceso, se creyó (aunque no hay mucha evidencia concreta) que existieron encuentros entre los magonistas y gente de Zapata y Villa para acordar las condiciones de traslado e instalación de Ricardo y el grupo magonista en territorio mexicano, para participar activamente en el proceso en curso. Se cree que Zapata propuso a Magón mudarse a las zonas liberadas en Morelos para instalar la redacción de Regeneración y distribuirlo a todo el país. Los zapatistas, lectores del periódico, adoptaron la consigna magonista de “Tierra y Libertad”, publicada por primera vez en la edición del 19 de noviembre de 1910.

 

En marzo de 1918, Ricardo y Enrique fueron detenidos por última vez, junto a su compañero Librado Rivera, y sentenciados a 15 años de cárcel por las autoridades norteamericanas, acusados de los delitos de prensa.

 

El gobierno estadounidense endureció el control y la represión contra la izquierda radical y el parlamento sancionó leyes especiales, reforzando la seguridad interna a raíz del nuevo escenario internacional creado por la Primera Guerra Mundial y la victoria bolchevique en Rusia.

 

Los magonistas fueron destinados a la prisión federal de máxima seguridad de Leavenworth, que por aquellos días estaba atestada de presos políticos. Entre esos muros había sindicalistas revoltosos, inmigrantes de las más variadas latitudes planetarias, socialistas, anarquistas, militantes por los derechos de la comunidad negra, comunistas y los sindicalistas de la IWW. ¿Pero qué pasaba por las noches? De todo. Sobre la dura vida presidiaria y los grises cotidianos del encierro y la desolación, se organizó una suerte de escuela obrera y libertaria.

 

Se dictaron cursos de mecánica automotor, electricidad, dibujo técnico, mecanografía y de los idiomas inglés, español, francés y ruso; los lunes había noche de cine; y se organizaron lecturas en las celdas, donde se discutía de economía política, sobre el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, y los recientes sucesos de la Revolución Rusa.

 

Y hasta se editó dentro de  la prisión el Leavenworth New Era, un periódico de información general que incluía noticias, jazz, poesía, reseñas de libros y hasta las novedades del equipo de baseball de los presos. Los magonistas estaban en su universo; incluso Enrique publicó una columna titulada “Mexican Kaleidoscope” donde, a partir de relatos breves, educaba a los presos en la historia de la Revolución Mexicana.

 

No obstante, la salud de Ricardo empeoraba día a día y la pérdida de su visión se agravaba. Las protestas reclamando la libertad de los presos se extendían a uno y otro lado de la frontera; miles de cartas reclamaban su inmediata libertad, acompañadas por movilizaciones y una intensa labor de difusión. Derrotados Pancho Villa y Emiliano Zapata, los sectores moderados iniciaron un proceso de institucionalización de la revolución, y anunciaron el pedido formal para que se liberen a los magonistas detenidos en Estados Unidos. En abril de 1922, la legislatura yucateca elevó el pedido a las autoridades  norteamericanas, seguidos por los congresos de San Luis Potosí, Durango, Sonora, Coahuila, Querétaro, Hidalgo, Aguascalientes y México.

 

El 21 de noviembre de 1922 Ricardo Flores Magón murió. A pesar del parte médico oficial, entre los pasillos de la prisión creció la versión de que un guardia lo ahorcó hasta matarlo. El supuesto asesino fue ajusticiado por los internos al otro día. La mano larga de la justicia proletaria caminó por las celdas de Leavenworth.

 

Por mucho tiempo se creyó que Ricardo fue más conocido fuera que dentro de su país. Pero los humildes, los olvidados, los verdaderos destinatarios de tantos ríos de tinta y sangre, acudieron a su recibimiento. El 23 de noviembre, una marea de obreros y campesinos con sombreros de ala ancha recibieron el tren que trasladó el cuerpo de la voz de la revolución, su más alta conciencia, para su último adiós, mientras banderas rojas y negras flameaban alrededor de los vagones con una sola leyenda escrita: “Tierra y Libertad”.

 

 

* Publicado originalmente en El Furgón

** Fotografías: Archivo Electrónico Ricardo Flores Magón

*** Introducción: Pensamientos Magonistas

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